“Bebé oso, ¿sabías que te quiero, siempre?”.
“Sí, mamá, claro que lo sé”, contestó el oso.
“Bebé oso, ¿sabías que te quiero siempre, no importa lo que sientas, no importa lo que hagas?”.
Esta vez, bebé oso miró a su mamá y le preguntó: “¿siempre? ¿no importa lo que sienta y no importa lo que haga?”.
“Sí, siempre”, repitió la mamá con una sonrisa.